viernes, 28 de octubre de 2011

La Piel Que Habito ( critica )


En el Marco del Festival Internacional de Cine de Morelia 2011 , se estreno con gran entusiasmo y mucha espera la cinta '' La Piel Que Habito '' del director Pedro Almodovar el cual es uno de los mas reconocidos y esperados por los cinefilos de nuestro país, incluyendome.

Sinopsis: La película nos cuenta la historia del Doctor Robert Ledgard (Banderas), que desde que su mujer sufriera quemaduras en todo el cuerpo en un accidente de coche, el eminente cirujano plástico se interesa por la creación de una nueva piel con la que hubiera podido salvarla.
Doce años después consigue cultivarla en su propio laboratorio, una piel sensible a las caricias, pero una auténtica coraza contra todas las agresiones, tanto externas como internas, de las que es víctima nuestro mayor órgano. Para lograrlo ha utilizado las posibilidades que proporciona la terapia celular.Además de años de estudio y experimentación, Robert necesitaba una persona humana, un cómplice y ningún miedo. Los escrúpulos nunca fueron un problema, no formaban parte de su carácter. Marilia (Anaya), la mujer que se ocupó de él desde el día que nació, es su cómplice más fiel, nunca le fallará. Y respecto a la cobaya humana…
Pero ¿porque quise hacer mi reporte acerca de esta cinta ?

La verdad es que creo que es diferente a todas las demás películas , esta cinta es un experimento cinematográfico inusual y extraño, Creo personalmente que le han funcionado todos los elementos, un argumento enrevesado y digno del universo de Almodóvar, unas interpretaciones magníficas y una dirección realmente sobresaliente en la que vuelve de nuevo a dejar su arte impregnado.

Su magisterio en la dirección me ha parecido sencillamente espléndido, de lo mejorcito que hay en el cine comercial-artistico.
La estética es impecable, una prueba más que vuelve a demostrarnos lo magnífico director que es, lo bien que cuida cada plano, lo hace como nadie, y lo realiza como siempre fiel a sus principios, a su originalidad, a sus hábitos, y por supuesto a su manera de hacer cine. Su técnica de utilizar numerosos flash backs y saltos en el tiempo tiene un efecto realmente sorprendente y el argumento crece en intensidad.

En especial se muestran tomas espectaculares donde los efectos de plano general se vuelven completamente exuberantes al mostrar reflejos sobre espejos y cristales en ventanas los cuales elevan la cotidianidad de las escenas en estupendos encuadres.
La fotografía de la cinta está muy bien cuidada, un aspecto común a todas sus producciones, ya que mantiene esa estética llena de color y realismo escenográfico y en cuanto a la música la banda sonora es intensa, tiene fuerza y dramatismo y en otras muestra melancolía pero sin dudar es sencillamente magnífica. Inclusive terminando de ver la cinta no pude evitar buscar y descargar el soundtrack de la cinta.

En cuanto a las actuaciones las figuras interpretativas son realmente espléndidas.Para comenzar no podía creer que a unos cuantos metros de mi butaca se encontrara una de las chicas Almodovar : Elena Anaya , la cual se come la pantalla con su trabajo que es fascinante, colosal, su cuerpo fue filmado de una forma tan bella, tan espectacular, sus primeras planos me han dejaron sin palabras…tenemos chica Almodóvar para bastante tiempo. Antonio Banderas no sale mal parado de una interpretación difícil, complicada y por supuesto muy arriesgada en el papel del obsesivo Doctor Ledgard. Junto a ellos una estupenda y siempre eficaz Marisa Paredes...
Ellos tres conforman una inusual pero muy interesante historia la cual me atrapo desde su comienzo hasta el momento cumbre del drama el cual hasta con la boca abierta me dejo ...

Original y estupendo ejercicio de dirección en donde el humor negro, el terror, el drama, la comedía, el amor, el sexo, el misterio, la intriga y el suspenso tienen cabida en esta producción haciendo que a veces ante las situaciones más dramáticas esboces una sonrisa o, porque no, una carcajada. sin duda creo que es una obra realmente rara, pero brillante y sorprendente.

jueves, 13 de octubre de 2011

Manifiesto de un ciudadano homosexual indignado


¿Está de acuerdo o en desacuerdo en que las parejas homosexuales puedan adoptar niñas y niños?

¿Está usted de acuerdo o en desacuerdo con el matrimonio entre homosexuales?

¿Cree usted que un niño adoptado por una pareja de homosexuales sería víctima de discriminación por parte de sus compañeros?

Con todo respeto a mis amables lectores: QUÉ MAMADAS.

Tales son las preguntas que el PAN ha planteado es las encuestas dirigidas a la ciudadanía vía las empresas BGC-Ulises Beltrán y Gea-ISA. ¿El objetivo? "Demostrar con argumentos jurídicos, no morales ni religiosos" que la decisión de aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo y la posibilidad de que éstas adopten, fue una imposición por parte de la mayoría perredista en la ALDF.

Vamos a desmenuzar el asunto.

César Nava, líder del PAN, afirma que "lo que está detrás de la consulta que inició este domingo no es un asunto de izquierdas o de derechas ni de moral, sino de protección de los derechos de las niñas y los niños".
Miren, qué cosas. Varias cosas resultan curiosas aquí. Esta obsesión por aclarar que NO se trata de un asunto de MORAL o de RELIGION, resulta más que evidente. ¿Será que de verdad lo que está detrás de su encuesta son puras buenas intenciones para con los niños, con la familia como unidad fundamental de cohesión social? ¿No se trata, más bien, de maquillar su triste mentalidad ya no conservadora, sino retrógrada, bajo el mecanismo de argucias legales?

Reitero: llamar al PAN un partido conservador sería otorgarle un beneficio que no merece. Conservar sería dejar las cosas como están, respetar lo que hay. Pero Acción Nacional, a través de su maridaje con la iglesia católica (sí, en minúsculas), ha dejado claro una y otra vez que le importa poco el Estado Laico mexicano. De nada han servido las quejas ante la CONAPRED por los constantes llamamientos al odio por parte del cardenal norberto rivera (otra vez minúsculas) en sus homilías dominicales y fuera de ellas.


Desde los púlpitos, donde en teoría debería predicarse el entendimiento hacia y entre los diferentes (bases fundamentales de la doctrina que Cristo predicó en vida según la Biblia), los representantes de la iglesia católica se dedican a escupir discursos que invitan a la segregación y al odio hacia lo que ellos consideran anormal y aberrante.


Hay puntos flaquísimos en estos argumentos PAN/iglesia que rayan en lo risible:

Si lo que se persigue es la protección de los menores, ¿no deberían ya estar en la cárcel los responsables de todos los casos de pederastia que abundan al interior de la Venerable Iglesia Católica? Si lo que se busca es promover la familia como elemento unificador de la sociedad, ¿por qué negar el derecho a la fundación de una familia los homosexuales que aspiran a esta forma de vida, por qué condenar a estas relaciones a la clandestinidad?

Sobre el asunto de la encuesta específicamente: ¿Cómo es que se pretende condicionar el derecho de las minorías a través de la opinión de las mayorías? Si se hubiera preguntado lo mismo acerca de los derechos de los negros, del derecho al voto de las mujeres y casos parecidos, ¿no se habrían volcado los sectores más reaccionarios de la sociedad para oponerse de manera rotunda?

"Vamos a consultar entre los terratenientes blancos si es que sus esclavos deben abandonar los campos de algodón, aspirar a una vida ciudadana equitativa y asumir los mismos derechos y obligaciones que la gente blanca". No pues sí.


No confundamos la opinión pública y la democracia con ejercicios amañados y con trasfondos sentimentaloides que ofenden a la más modesta inteligencia:
"¿Cree usted que un niño adoptado por una pareja de homosexuales sería víctima de discriminación por parte de sus compañeros?" ¿Qué clase de pregunta es esta? Con cuestionamientos como éstos no se comprueba nada.

Más aún, aunque yo mismo considerara una posible respuesta afirmativa, eso no significa que el problema esté en el objeto de discriminación, sino en quien discrimina. A la sombra de este mismo pensamiento, no deberíamos permitir que los niños discapacitados, gordos, de familias uniparentales, de orígenes raciales diversos, en fin, todos los "diferentes" acudieran a las escuelas: pobrecitos, los "normales" los van a discriminar. ¿No sería mucho más sano apelar a una educación más abierta, inclusiva y respetuosa de las diferencias, no sólo en las escuelas sino desde los hogares?


El Partido Accion Nacional, que ahora apela a estos ejercicios democráticos bajo el argumento de que "los resultados permitirán conocer qué es lo que realmente opinan los capitalinos, algo que no quisieron oír tanto Marcelo Ebrard como el PRD y una parte del Revolucionario Institucional" parece olvidar que en julio de 2008 sus miembros descalificaron la consulta popular ciudadana sobre la reforma energética, considerándola "una vacilada".
El mecanismo que hace escaso año y medio tachara de "inválido e informal por no estar organizado por una organización electoral" (clic aquí para leer la nota, entre las muchísimas otras que existen en la red y medios impresos) ahora resulta que es argumento suficiente para interponer un recurso de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte.

¿Quiénes son los de las vaciladas, quiénes prentenden tomarnos el pelo? Una cosa es que se considere a México como un país desmemoriado, pero hacer estas cosas apenas un año y medio después de tantas descalificaciones a un ejercicio análogo ya es una completa desvergüenza.


Estoy enteramente en pro de estas prácticas democráticas, en conocer las opiniones de la gente al respecto de lo que se legisla en el país, pero no perdamos de vista las diferencias fundamentales entre ambos casos. Los derechos DE NADIE se consultan y mucho menos se negocian. "Vamos a dejar que se casen, pero no pueden adoptar". Ah, caray. Este absurdo sería el equivalente a haberles planteado a las mujeres en 1953, año en que se les otorgó el voto: "Vamos a permitirles votar, pero si renuncian a su derecho a ser votadas para cargos de elección popular". Más aún: podríamos imaginarnos una encuesta donde una de las preguntas fuese: "¿Considera usted que una mujer sería objeto de discriminación por parte de sus colegas al ejercer un cargo público?"


Lo anterior suena tan descabellado como lo es ver hoy por hoy a Mariana Gómez del Campo oponerse tan férreamente a una reforma que es tan decisiva e importante como la que hace 57 años llevara al género femenino a la conquista del derecho al voto. Esta "ingeniosa aliada de sus sepultureros" parece ignorar que Diego Fernández de Cevallos se refiere sin empacho al género femenino como "el viejerío", o que Vicente Fox las llamó "lavadoras de dos patas".

Señores del Partido (Re)Acción Nacional: ¿En verdad están tan interesados en conocer las opiniones ciudadanas, en realidad están dispuestos a escuchar lo que tenemos que decir y llevar nuestras opiniones a las estancias legales y burocráticas correspondientes, para que se haga caso de nuestras demandas?
Perfecto. Comiencen entonces a preparar consultas acerca de lo que pensamos sobre el alza a los impuestos, sobre la liquidación de Luz y Fuerza del Centro y el SME; alisten encuestas que permitan conocer el sentir del pueblo acerca de los salarios onerosos que se cobran en los aparatos institucionales, acerca del fuero de los legisladores, de la corrupción e ineptitud que hay a todos los niveles gubernamentales, del derroche infame de recursos que se destina a los partidos en tiempos electorales.

Ojalá se les ocurriera hacer una consulta popular para preguntarle a la gente si es que considera competente el desempeño de Calderón como Presidente, y de surgir un resultado negativo, presionar legalmente como ahora se pretende con el asunto del matrimonio gay para que Calderón abandone la jefatura del Ejecutivo.


El panorama es gris, pero si apelamos al pensamiento inteligente y a exteriorizarlo, si manifestamos enérgicamente que estamos cansados de litros y litros de atole con el dedo, entonces las cosas pueden tomar derroteros menos sombríos. Aún con todos los Esteban Arce y sus facsímiles, siempre habrá otras mentes, otras voces y otras posturas que nos hacen pensar que no todo está tan jodido como pareciera. Los dejo con las palabras de Denise Dresser al respecto de esta controversia sobre el matrimonio.




La Otra Familia ( critica )


Es interesante cómo a pesar de que la cinta intenta ofrecer una visión "moderna" de las familias, no deja de ser tremendamente conservadora. Aún más: aunque subvierte algunos valores tradicionales, plantea otros no menos peligrosos. Casos concretos: los malos, dealers, traficantes de menores, son de clase baja: tienen tatuajes, viven en zonas populares y sus escenas están enmarcadas por un entorno musical de hip hop. Los buenos, los capaces de brindar al niño un hogar "adecuado" podrán ser homosexuales, pero cuentan con la fortuna de que poderoso caballero es don dinero: la cabeza de familia es "un gran publicista" y el que asume el papel de amo de casa ya no tiene que trabajar más gracias a su acomodada posición económica. Pero eso sí, en el pasado fue diseñador y modelo.

El cliché se repite una, otra y otra vez: no se conforman con poner a gays con pestañas enchinadas, una lesbiana con voz ronca y un mafioso prietito y chaparro, la cosa llega a nivel de risa (nerviosa) cuando Carmen Salinas prende veladoras a la virgencita de Guadalupe y pide por sus patrones porque a pesar de ser gays son gente buena, o cuando uno de los miembros de la pareja se aparece enfundado en una bata haciendo un playback de Yo no te pido la Luna, de Daniela Romo.

La cinta pretende erigirse en un manual educativo de cómo es que los gays no somos necesariamente malas personas y cómo es que el prejuicio no debería nublar nuestro entendimiento. Y digo pretende porque precisamente en este sabor panfletario es donde reside su talón de Aquiles. En su afán de mostrar que un gay también puede ser bueno, a los personajes homosexuales se les dota de una serie de atributos que socialmente son considerados aceptables: la pareja es no sólo monógama sino que decide unir sus votos ante Dios (son buenos católicos), tienen posición económica desahogada y uno de ellos no trabaja, por lo tanto puede dedicarse a la atención y crianza del niño, ahora sí, como Dios manda.

El argumento es tan maniqueísta que en ocasiones parece que asistimos a un episodio de 'La Rosa de Guadalupe extended version'. Los malos son malísimos, se drogan hasta perder la conciencia, son capaces de todas las vilezas y viven en sitios horribles. Nada que ver con las casas, bonitas, ordenadas y bienolientes de sus contrapartes: las diseñadoras, los publicistas, el fotógrafo. Aunque claro, no faltan los que a pesar de la ignorancia natural de su condición de pobres, se redimen y se dan cuenta de que los jotos no eran unos pervertidos: la servidumbre.

La fortuna de esta película es que a pesar de todas estas debilidades, en el elenco hay talento. Contrasta enormemente la monotonía actoral del niño que interpreta a Hendrix (y no me vengan con la edad, porque de niños talentosos hay ejemplos numerosísimos en el cine) con la extraordinaria capacidad de Nailea Norvind de ponerse en la piel de una adicta. Una labor de maquillaje irreprochable, aunada a una actuación limpia y contundente, hacen que Nailea se convierta sin ningún rival en el pilar actoral de La otra familia. Mientras la pareja homosexual masculina se muestra como una caricatura autoparódica y Ana Serradilla insiste en permanecer en su papel de Cansada de besar sapos, los malos malos, están en lo suyo. No se les puede culpar de ser clichés: los actores hacen lo que se les pide y lo hacen muy bien.

Es evidente que La otra familia es una película para el gran público, el mismo que se conforma con historias fáciles de digerir y que reduce todo a esquemas muy básicos. Pero es un intento que no puede menospreciarse, sobre todo en un país donde la homofobia sigue sintiéndose día tras día, desde el bullying escolar hasta los crímenes de odio que culminan en muertes. Pian pianito, dirían por ahí. En resumen, un buen intento cuya peor error recae en intentar combatir unos prejuicios pero sustituirlos por otros no menos graves.

Qué lejos estamos todavía de cintas como Los niños están bien, donde las otras familias están ya completamente asumidas y se experimentan a sí mismas sin mayores conflictos. Y lo digo no sólo a nivel cinematográfico, sino también socialmente: mientras nuestras cámaras aún discuten cosas tan elementales como el derecho a la adopción, en otros países el tema ya es moneda vieja y las familias viven en esquemas más libres, pero no por ello menos saludables, protectores y amorosos para sus integrantes.